VISITA A LA ETAPA INICIANDO DEL CAMINO DE DISCÍPULOS DE JESÚS (INTRODUCTORIO),

 JUEVES 27 DE SETIEMBRE 2018,

Memoria litúrgica de San Vicente de Paúl.

Queridos Padres Formadores y seminaristas:

Doy gracias a Dios por esta bendita oportunidad de compartir con ustedes este día, tanto esta celebración eucarística como el encuentro y cena posteriores. Como dice el salmo: “Qué bien y qué gracia estar los hermanos unidos”. Me alegro profundamente de estar acá, con ustedes, en esta su casa, después de haber compartido a finales del mes de julio en la Catedral de Ciudad Quesada. Agradezco profundamente la amable invitación del P. Luis Fernando y de los Padres Formadores.

Estamos celebrando hoy la memoria litúrgica de San Vicente de Paúl, presbítero; padre de los pobres y consagrado a la formación del clero. Por ello, desde lo que nos enseña la Palabra de Dios proclamada, y desde el testimonio de vida y santidad de San Vicente, quiero compartir con ustedes esta tarde dos pensamientos concretos y puntuales: en primer lugar, la importancia y trascendencia de la formación sacerdotal. En segundo lugar, el servicio y dedicación a los pobres.

1.- La importancia y trascendencia de la formación sacerdotal:

Como parte del carisma propio de la Congregación de la Misión, que él fundó, San Vicente se consagró a la mejor y más integral formación del clero. De este servicio, la Iglesia costarricense se vio grandemente beneficiada, pues, por alrededor de 90 años, los Padres vicentinos sirvieron a la formación sacerdotal en Costa Rica, desde nuestro Seminario.

San Vicente y su Congregación buscaron ciertamente una formación integral para el clero, pero, sin duda, con un claro énfasis en la identidad, fidelidad, credibilidad, santidad y testimonio de vida que debe dar el sacerdote desde su vocación y misión. El punto clave de la identidad sacerdotal consiste en tener muy claro quién es el sacerdote y cómo debe actuar.

El sacerdote, ante todo, es un hombre de Dios, esencialmente un pastor. No se puede tomar su condición y su vocación, como decía la primera lectura del Eclesiastés o Qohelet, como una vanidad o vanidades, es decir, como algo pasajero, cambiante, relativo y sin importancia. La vocación sacerdotal debe ser una experiencia y una opción de vida clara, definida, estable, para siempre.

Ustedes están iniciando, en esta etapa, la formación sacerdotal: aprovéchenla, sean dóciles y abiertos; llévenla adelante con sinceridad, transparencia y rectitud de intención. Así serán los sacerdotes que Dios quiere y que la Iglesia necesita; así no harán su proyecto propio de vida, según planes y pensamientos propios. La clave para formarse bien es conocer al Señor, entrar existencialmente en su persona, misterio, mensaje y propuesta de vida. Más allá de la simple curiosidad, como decía el evangelio de hoy respecto a Herodes, que quería ver a Jesús, porque le llamaba la atención y oía hablar de él. Se trata mucho más que eso; es aquello del evangelio de San Marcos en su capítulo 6: Jesús llama, elige a sus discípulos, los invita a compartir y estar con Él; todavía más, les invita a quedarse con Él.

Esta es la verdadera experiencia de formación: estar con Jesús, conocerlo a fondo y quedarse con Él, para luego seguirlo con toda radicalidad, generosidad y compromiso. Ustedes tienen como instrumentos preciosos para esta experiencia de formación las Normas universales y nacionales de formación sacerdotal (Ratio universal y nacional), así como también el acompañamiento de sus formadores, el apoyo de sus obispos, el estímulo de sus compañeros y todos los instrumentos que la Iglesia les proporciona para este fin. Ustedes tienen la palabra para formarse de la mejor manera.

2.- El servicio y la dedicación a los pobres:

San Vicente fue un pastor para todos, pero especialmente para con los pobres y necesitados, quienes buscan de manera particular a Jesús en la persona del sacerdote. Tal era su conciencia que decía “los pobres nos han sido dados para que les sirvamos como a señores. El servicio a los pobres ha de ser preferido a todo, y hay que prestarlo sin demora” (Escritos). Por ello, siguiendo la enseñanza y testimonio de San Vicente, servir a los pobres no es discurso, no es un vago sentimiento ni mucho menos demagogia o una ideología Servir a los pobres y dedicarse a ellos es una verdadera capacidad de servicio, de amor, de entrega, de dar la vida con hechos y actitudes, con auténtica caridad pastoral, dándose a uno mismo.

Para ello, todo cristiano, pero en especial el sacerdote, debe tener y actuar con los mismos sentimientos de Cristo, es decir, compasión, solidaridad, ternura, capacidad de ponerse en la situación del otro, entrega a tiempo y destiempo. Jesús no habla de los pobres solo con palabras, pues, en primer lugar, Él se hizo pobre y vivió pobre. En este sentido, el seminarista hoy y el sacerdote de mañana, tiene que tener la capacidad de saber leer muy bien, desde la fe, la realidad en la que vive. El sacerdocio no es para buscar o asegurarse estatus, no es un honor o privilegio para sobresalir, sino capacidad de entrega a todos, especialmente a los más pobres, necesitados, sufridos y olvidados. Esta fue la prioridad de Jesús, y este fue el apostolado de San Vicente.

Queridos seminaristas, ustedes se están formando para asumir y asimilar muy bien la condición de discípulos del Señor, como capacidad de seguir e imitar a Jesús. Se están formando para que el día de mañana vivan y actúen como pastores de la Iglesia, pastores al estilo de Jesús. Por tanto, no se trata de ser simplemente funcionarios o promotores sociales; no se trata de ser políticos o dirigentes a nivel humano. El reto y el desafío es ser pastores que nunca olvidan ni abandonan su realidad de discípulos para ser y actuar como verdaderos misioneros en el mundo.

Desde ya vemos signos y hechos que no nos dejan la menor duda, pero a ustedes les tocará el reto más fuertemente el día de mañana. Lamentablemente, vivimos en una Costa Rica cada vez más pobre y desigual; un país con marcadas e injustas diferencias; una nación donde se irrespeta y desconoce la dignidad propia de las personas, pensando solo en las necesidades que tienen y en las oportunidades que merecen. A semejanza de Jesús e inspirados en San Vicente, a ustedes les tocará estar al lado de los que más necesitan, para escucharlos, acompañarlos, promoverlos y ayudarles a salir adelante. El sacerdote no puede ser indiferente ni desentendido ante estas realidades dramáticas que vivimos y que están delante de nuestros propios ojos.

Noten para tantos y qué importantes desafíos y retos deben ustedes formarse de la mejor manera para responder el día de mañana como verdaderos pastores. Que el Señor les conceda ser muy dóciles y obedientes a todo lo que Él les pide. Que aprendan a decir siempre sí, con corazón generoso, a semejanza de la Santísima Virgen María. Sean generosos y respondan con hechos concretos, como San Vicente de Paúl, para acompañar y ayudar a los más pobres y necesitados, con los mismos sentimientos y actitudes del Señor Jesús.

Que Él les ayude y que así sea.

Monseñor José Manuel Garita Herrera

Obispo de Ciudad Quesada