“En lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla”.

He querido abrir con este texto de la Constitución Pastoral Gaudium et Spes, Los Gozos y las Esperanzas (numeral 16), para advertir la necesidad que tenemos en nuestro país de evitar el mal a toda costa, para evitarlo en lo más interior de nuestra conciencia, para alejarnos del mal en nuestros actos, sea en nuestra familia, en nuestros estudios, trabajos y cualquier labor que realicemos de forma individual o social. Es hora de evitar el mal también en la función pública, pues es allí donde se tejen las acciones que irán guiando el rumbo de nuestro país.

Privilegios escandalosos de unos pocos -llámense pensiones de lujo, pluses, anualidades o como sea-, el exceso o defecto de autoridad para desestimar o encubrir situaciones graves en el ejercicio de la función pública, la poca acción o voluntad para ponerse de acuerdo en temas país, son sólo algunas de esas situaciones que tienen a nuestro país en una encrucijada de desconfianza y estancamiento.

En lo más profundo de la conciencia de cada ciudadano y, especialmente, en lo más profundo de aquellos ciudadanos que tienen un rango, cargo o servicio público, hago un llamado para que piensen en el bien de los demás, en la sociedad costarricense, en el Estado que los ha colocado allí para realizar el bien.

Es con el ejemplo de las buenas obras y de las acciones correctas que nuestra sociedad podrá ir avanzando y, al mismo tiempo, es esa manera como todo el pueblo podrá recuperar la confianza en las instituciones, sus responsables y, en general, en la función pública.

Los últimos acontecimientos de los cuales dan cuenta los medios de comunicación, en los últimos meses, sobre diferentes escenarios de la vida pública, son motivo de preocupación, y al mismo tiempo no pueden ser utilizados tampoco como botín político para seguir en campaña o asegurarse intereses particulares.

Nuestro país está primero y todos estamos llamados a hacer el bien, especialmente aquellos servidores de la función pública, privilegiados de tener un cargo que les permite servir y hacer grande a nuestro país.

Pero, al mismo tiempo, toda la sociedad debe velar y contribuir con sus acciones para hacer el bien, pues todos vivimos en este hermoso y bendito país que históricamente se ha enaltecido por su justicia social, solidaridad y democracia.

Sólo pensando en el otro podremos entonces meditar si nuestras acciones son para el bien o, por el contrario, de modo egoísta, se convierten solamente en actos que nos benefician en perjuicio de la sociedad.

Monseñor José Manuel Garita Herrera

Fermento: ¡iluminando la realidad nacional!

Martes 24 de julio, 2018

Nº14