Jesús nos desafía a ser una comunidad de discípulos y una Iglesia que se distinga por la capacidad de servicio, por la entrega generosa y por su actitud humilde y sencilla.

De esta manera exhortaba a los fieles de nuestra Diócesis de Ciudad Quesada al cumplir 23 años de haber sido creada el pasado 25 de julio. Igualmente indicaba que debemos superar una serie de desafíos para salir de nosotros mismos, de nuestro propio interés y comodidad. Muchas veces hay que sacudirse y desinstalarse, para caminar, crecer y dar fruto.

En estos tiempos en que el hermano país de Nicaragua vive una crisis política, económica y social, una gran cantidad de sus pobladores han buscado nuestra Patria para refugiarse, buscan cobijo, alimento, acogida, tratando de escapar de un conflicto en el que nadie quiere ni puede vivir.

El pasado 13 de julio, con mi hermano Obispo de Alajuela, Monseñor Bartolomé Buigues, la Comisión Nacional de Movilidad Humana de la Pastoral Social Cáritas y varios vicarios episcopales de Pastoral Social, quisimos formalizar la atención a estos hermanos nuestros que vienen pidiendo ayuda, protección, refugio.

Ya desde la Conferencia Episcopal de Costa Rica, también, se emitieron una serie de lineamientos para hacer presente el Evangelio, pues como dijo Jesús “cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” (Mateo 25, 40).

Con profundo dolor vemos que nuestros hermanos buscan mejores condiciones, son nuestros vecinos más cercanos y atrás debe quedar cualquier sentimiento de odio, resentimiento y xenofobia. Los medios de comunicación deben contribuir a alimentar un sentimiento de acogida, a ser puentes de paz, a informar las mejores maneras para contribuir.

Como cristianos tenemos que tener los sentimientos de Cristo, debemos acoger de corazón y de manera concreta a quienes realmente lo necesitan, y ha de ser en nuestras Parroquias donde debemos crear un hogar para ayudar a quienes son nuestros hermanos.

También las entidades gubernamentales y sociales deben unirse para tender puentes y enfrentar este drama humanitario. Esta es una responsabilidad primaria del Estado.

Desde nuestras comunidades parroquiales, desde la Pastoral Social y desde nuestro ser verdaderamente cristiano, ayudemos, acojamos al migrante, hagamos que se sientan en casa.

Como lo manifesté el pasado miércoles, seamos una Iglesia diocesana comprometida con los retos de hoy, seamos una Iglesia costarricense que acepta el desafío del Papa Francisco a ser una Iglesia misionera y en salida.

Sepamos ser como las primeras comunidades cristianas que se distinguían por el amor y por el compartir concreto y efectivo. Que nosotros también nos distingamos como cristianos por nuestros actos de solidaridad, amor y fraternidad. Solo así, podemos empezar a cambiar el rostro de esta sociedad marcada por signos de odio y división. ¡Provoquemos una revolución del amor desde Jesucristo!

Monseñor José Manuel Garita Herrera

Fermento: Lo que hagamos con nuestros hermanos lo hacemos con Jesús

Martes 31 de julio, 2018

Nº15