Eucaristía Conclusiva de la Experiencia de Animación Penitencial

Jornada Mundial de la Juventud, Panamá

Parroquia Santa María La Antigua en el Barrio Betania

Viernes 25 de enero, 2019. Fiesta de la Conversión del Apóstol San Pablo.

Queridos hermanos y hermanas, especialmente jóvenes aquí presentes:

La Palabra del Señor nos convoca, una vez más, para celebrar la gran fiesta de la Eucaristía, fiesta de comunión y de encuentro entre hermanos para reconocer al Señor como centro de nuestras vidas. Esta celebración eucarística, conclusiva de la mañana de animación penitencial, la realizamos en el ámbito litúrgico de la Fiesta de la Conversión de San Pablo y en el clima eclesial de la Jornada Mundial de la Juventud, que estamos celebrando en esta nación hermana, y que estos días nos acoge a todos como una sola familia, junto al Sucesor de Pedro, el Papa Francisco. Todos somos bienvenidos a la doble mesa de la Palabra y la Eucaristía.

Quisiera que la Palabra proclamada en esta celebración eucarística nos permitiera, por unos minutos, dejarnos iluminar por tres expresiones.

1. Encuentro:

En la Parroquia se encontraron sacerdotes de distintas nacionales.

El texto de la Primera Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles recoge la experiencia de un encuentro. Es un encuentro personal que provoca una experiencia. Una experiencia que transforma la vida gracias a la conversión. El autor sagrado nos describe el relato vocacional de San Pablo y el momento en que el Señor Jesús irrumpe en la vida de Saulo de Tarso, perseguidor de los cristianos, para hacerlo discípulo y creyente. Nos encontramos frente a un encuentro existencial que renueva la vida por la fe. Nuestras vidas tienen experiencias de diversos tipos de encuentro, algunos casuales, otros familiares, otros de amistad, otros son académicos o laborales. Esta mañana constatamos que necesitamos renovar nuestro encuentro con el Señor desde la fe. Solamente desde este encuentro podremos encontrarnos con los hermanos y hermanas, aceptarlos, acogerlos, integrarlos, reconocerlos y amarlos. El texto vocacional y de la conversión de San Pablo ilumina nuestro propio camino cristiano. Toda vocación es un encuentro con una llamada concreta, la que nos hace Jesús para trabajar en su Reino. Escuchemos una vez más su voz: “Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo, reconoce que Jesús es el Señor y queda limpio de tus pecados”.

2. Comunión:

“Jóvenes nuestro gran reto es aprender a quedarnos con el Señor. Quedarse es amarlo y seguirlo para testificarlo”.

Precisamente de la llamada que hemos recibido a la vida y a la fe por el bautismo, brota una vocación específica que nos lleva a servir en el amplio campo de la Iglesia. La respuesta no se improvisa. Toda vocación requiere un proceso de comunión con el Señor, y la comunión se transforma en amistad, amor, lealtad, fidelidad, donación, generosidad y entrega. Nuestro gran reto es aprender a quedarnos con el Señor. Quedarse es amarlo y seguirlo para testificarlo. La amistad que describe la Primera Lectura entre Jesús y Pablo, a partir de su conversión, se vuelve escuela de discipulado y de seguimiento total. El amor lo exige todo. Queridos jóvenes, ustedes son especialistas en la amistad y en el amor. Jesucristo, esta mañana, les invita a la comunión con él y su tarea evangelizadora. El Señor les llama a dejarse cautivar por el Evangelio, que es buena noticia de salvación.
Jesús quiere dialogar con cada uno de ustedes en el silencio de la oración, en la lectura orante de la Escritura, en la celebración de la Eucaristía y en el sacramento de la Reconciliación. El Señor nos quiere hacer sus amigos. Es a partir de esta amistad que se gesta la cultura de la vida y la civilización del amor. Solamente así se podrá erradicar el egoísmo, la autosuficiencia, la indiferencia y la cultura de la muerte con sus diversos rostros. Es hora de centrar el corazón en lo que es eterno y verdadero, en Jesucristo, Palabra eterna del Padre, en el único en el cual hay salvación y vida verdadera, en la fuerza del amor y en el cultivo de la libertad. Solamente desde el Señor seremos felices, plenos y capaces de no dejarnos arrastrar por la fácil seducción del hedonismo, el materialismo y la cultura del descarte.

3. Compromiso:

Antes de la Eucaristía, Monseñor Garita participó de la Liturgia Penitencial, a la cual asistieron jóvenes de muchas partes del mundo.

Al igual que Pablo, necesitamos dialogar con el Señor, necesitamos escuchar su voz y seguirle con valentía gozosa. Queridos jóvenes, vale la pena jugarse la vida por Jesús y su Evangelio, como lo han hecho los santos de ayer y de hoy. La vida de los santos es un libro abierto donde el Espíritu ha escrito un mensaje de fe y esperanza para cada momento de la historia eclesial. Lo vemos reflejado en las biografías de los santos patronos de esta Jornada Mundial de la Juventud. Pero, ahora es nuestra hora. Hoy el Señor nos reta. Ahora somos nosotros, como lo han hecho ayer los santos, los que debemos dejar al Espíritu que escriba palabras de vida en el presente histórico que nos corresponde vivir. No podemos huir del compromiso evangelizador. No podemos ser cobardes. Es hora de nuestro compromiso y entrega. Hemos escuchado las palabras del salmo 116 y hemos respondido: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio”, como lo hicieron los once, en el Evangelio de Marcos que hemos escuchado. Estas palabras nos lanzan al horizonte amplio de la historia.

Queridos jóvenes déjense abrasar por el fuego de Pentecostés. Es el fuego del amor, del heroísmo cristiano, de la entrega radical a largo plazo y de la generosidad sin rupturas, el que toca esta mañana a las puertas de sus vidas. No a la tibieza, a la mediocridad, a la rutina, a la comodidad de una vida replegada sobre nosotros mismos. Es hora de salir. Es hora de involucrarse en la causa del Reino de Dios. El mundo postmoderno necesita conocer a Jesucristo, necesita la razón de nuestra esperanza, requiere la experiencia de la fe y la alegría fecunda de haber descubierto al Señor como centro de nuestras vidas y meta de nuestros proyectos. Hemos de ser gestores de una nueva humanidad, de una nueva era de santidad y de una cultura de verdad y libertad frente a todo tipo de esclavitud.

A manera de conclusión: la conversión de San Pablo es un proyecto de vida. Al igual que el Apóstol hemos de decir cada día: “¿Qué debo hacer, Señor?” La conversión personal es la base de todo cambio social y estructural. Quien nos invita a trabajar por su Reino nos exhorta, en el Evangelio proclamado, a no olvidar que: “El que crea y se bautice, se salvará”. La conversión es una gracia ligada a la experiencia de la fe. Quien tiene experiencia de Dios y ha dejado al Señor entrar en su vida comprende que solamente desde la fe puede darse el proceso del cambio, la aceptación de la voluntad de Dios y el compromiso cristiano por la santidad. La necesaria ruptura con el pecado es la consecuencia de haber descubierto con asombro la fuerza transformadora de la gracia. Apostemos por la vida nueva de los hijos de Dios y dejemos de lado la oscuridad del mal.

Nos acompaña en este camino de conversión y encuentro, comunión y compromiso la Santísima Virgen María, a quien en Panamá invocamos bajo la querida advocación de Santa María la Antigua de Darién. Que ella, primera discípula y dichosa por haber creído, nos ayude a responder con alegría a la llamada del Señor y a entregarnos por entero a su obra salvadora, con sus mismas palabras y disposición: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.
Amén.

Monseñor José Manuel Garita Herrera

Obispo de Ciudad Quesada